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Oración y meditación

Debemos distinguir entre “oración” y “oraciones”. Recitar oraciones es una actividad más entre otras, mientras que la oración es una actitud del corazón que puede transformar todas nuestras actividades:

“Al entregarme completamente y con amor a mi trabajo, me estoy entregando totalmente a Dios. Esto se da no sólo en el trabajo sino también en la diversión, por ejemplo, al observar pájaros o viendo una buena película. Dios seguramente disfruta de estas acciones en mí, así como yo las disfruto en Dios. ¿Acaso no es esta comunión la esencia de la oración?” (David Steindl-Rast).

Orar significa tener nuestro corazón permanentemente abierto al Sentido de las cosas. Aquellos momentos en los que experimentamos una profunda conexión con la Fuente del sentido de las cosas, son momentos de oración, por más que no los identifiquemos como tales. No existe ser humano que no ore, al menos en el sentido de tener una conexión con ideales que le dan sentido a su vida.

Si bien cualquier actividad puede ser realizada con espíritu orante, es bueno que procuremos dedicarle algún momento del día a meditar, para que ese momento de conexión con nuestro interior ilumine toda la jornada: “Una vez que hemos descendido a nuestro interior por la meditación, estaremos después mejor dispuestos para actuar” (David Steindl-Rast).

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