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Formar comunidad

Cada uno de nosotros está arraigado en el Ser único y universal, fundamento de nuestro ser particular; Ser del que provenimos y hacia el que nos dirigimos. No solo los humanos, sino todos los seres tienen su fundamento en este único Ser.

Nuestra pertenencia mutua con las demás personas y con todos los seres es un hecho; nos pertenecemos mutuamente por estar hermanados en el mismo Ser. ¿Cómo responder a esta pertenencia? Podemos negarla o ignorarla, o bien podemos aceptarla gozosamente. En esto consiste el amor: el amor es decirle “sí” a nuestra pertenencia mutua.

“Tu verdadero ser incluye a tu prójimo. Se pertenecen de manera radical. Si entiendes el concepto de ser, entonces también entiendes lo que significa pertenecer. No te cuesta nada pertenecerte a ti mismo; de manera espontánea tú te dices ‘sí’ a ti mismo en tu corazón. Pero en tu corazón tú eres uno con los demás. Amar por lo tanto significa decirle ‘sí’ con todo tu corazón a ese verdadero Ser, y actuar de acuerdo a ello” (David Steindl-Rast).

¿Podemos formar comunidades desde esta perspectiva? ¿Podemos constituir una sociedad humana en que ya no exista “yo” y “el otro”? ¿Podemos incluir en nuestra pertenencia a todos los seres de la naturaleza?

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