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Fecundidad en cada espera

Jose Chamorro

La llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte nos habla de la fecundidad de la espera: los frutos que hoy vemos en el árbol son producto de un proceso lento y que se toma sus tiempos. Así, al conectarnos con la naturaleza podremos reproducir en nosotros esa paciencia fecunda.


[dc]C[/dc]on la llegada del solsticio de verano se inaugura de alguna manera la fiesta de las cosechas y de los frutos. Es ahora, tras procesos internos siempre sorprendentes, cuando la mayoría de árboles frutales exhiben lo mejor de ellos mismos. La fecundidad se muestra y se dona a cada forma de vida.

Esta fecundidad, que tanto nos cuesta reconocer debido fundamentalmente al modo de mirar tan viciado y somnoliento que tenemos las personas, es consecuencia de todo un proceso anclado en la paciencia. La naturaleza no entiende de estrés ni premuras, su modo de proceder remite a una parsimonia que se conjuga con una actitud de espera que no desespera. El mundo natural se entrega a cada momento con lo que va siendo a cada vez y siempre de manera nueva. No hay prisa ni ambición, tampoco desasosiego ni miedos que puedan truncar su vocación. La naturaleza se expresa en categorías que aluden a una confianza radical, fondo fundamental del propio decirse que tiene la Vida.

[quote bar=»true» align=»right» width=»290px»]Los mejores frutos de la persona han pendido del árbol de la humanidad después de muchos meses, tras años de empeños, sueños e ilusiones compartidas.[/quote]El ser humano, pudiendo ser consciente de lo que es, ha sucumbido a la tentación permanente que lleva a la comparación, al deseo de ser algo distinto de lo que es (ambición), a la mirada que evalúa y valora… La persona ha renunciado a profundizar en su propio misterio genuino para vivir en la periferia de sí mismo, en la superficialidad que arrastra y desestabiliza. Nuestra propia fecundidad está latente en lo más íntimo de uno mismo. Ahí es donde podemos descubrir y reconocer el ritmo natural que nos habita y que nos hace vivir nuestras propias estaciones del alma.

Debemos denunciar e ignorar todos los mensajes que nos lleguen con un slogan que pretenda hacernos creer que en la vida todo acontece como por arte de magia. Todo eso no es más que una perversión que también logra desestabilizarnos, nos arroja al mercado que nos esclaviza y que termina por enfermarnos.

La espera, la capacidad de aguardar conlleva una madurez, lleva a una fertilidad sin precedentes, duradera, auténtica. Los mejores frutos de la persona han pendido del árbol de la humanidad después de muchos meses, tras años de empeños, sueños e ilusiones compartidas. Nunca podremos comparar la cosecha a base de cualquier tipo de fertilizantes y de productos transgénicos con aquella otra que tan sólo lleva el cuidado, empeño y dedicación de sus trabajadores.

La casa común que compartimos nos ofrece una relación simbiótica de todos con todos. No se trata de ver a la naturaleza como una entidad ajena a lo que es el ser humano, sino que consiste en reconocer lo que de natural albergamos pues es eso lo que nos une en una fraternidad singular con ella y a los demás seres con nosotros. Debemos abandonar la mentira del antropomorfismo para poder reconocer el lazo de solidaridad esencial que nos vinculo desde antaño con este hermoso planeta que sostiene y acompaña la historia humana.

¿De verdad somos tan necios de creernos que un tomate del mes de enero es lo mismo que un tomate del mes de junio?

Jose Chamorro


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