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El autocuidado del docente

En su libro «Atención Plena para Docentes», Patricia Jennings propone hacer del autocuidado una prioridad, y ofrece ejercicios para llevarlo a la práctica.


CCada vez que abordamos un avión, la azafata nos muestra cómo ponernos la máscara de oxígeno en caso de que la presión de la cabina disminuya, y se nos indica que nos pongamos nuestra propia máscara antes de ayudar a un niño u otra persona. Esto se debe a que, si no nos preocupamos de nosotros mismos primero, podríamos desmayarnos por falta de oxígeno antes de que podamos ayudar a otros. Esta filosofía se aplica a todas las actividades relacionadas con la atención de los demás. Si no nos preocupamos por nuestras propias necesidades, tendremos dificultades para responder a las necesidades ajenas.

Me he dado cuenta de que cuidar de mí misma es mucho más difícil que cuidar de los demás. A menudo encuentro que estoy ciega a mis propias necesidades, y tiendo a pasar por alto aspectos importantes de mi cuidado personal. Y si no cuido bien de mí misma, empiezo a sentirme abrumada, y puedo volverme amargada y resentida.

La práctica de la atención plena me ha ayudado a reconocer esta tendencia observando los pensamientos que se cruzan por mi mente: “Nadie aprecia todo lo que hago por ellos. Nadie se preocupa por mí”. Si estoy de mal humor, mi autocuidado toma una cualidad de martirio, y fácilmente caigo en sentimientos de remordimiento y culpa. Cuando tomé conciencia de ello, empecé a hacer del autocuidado una prioridad. Ahora, cuando me doy cuenta de que no me siento apreciada, me pregunto: “¿Qué necesito?”

Tenemos que hacer del autocuidado una prioridad, y reservar tiempo para las actividades que implican el cuidado de sí.

A lo largo de los años, he descubierto que no estoy sola: esta tendencia a pasar por alto el cuidado de sí es común entre docentes y otras personas al servicio de los demás. En los talleres de atención plena, cuando hablo a los docentes acerca de la importancia del autocuidado, suelen decirme: “No tengo tiempo para cuidar de mí mismo”. Sin embargo, tenemos que hacer del autocuidado una prioridad, y reservar tiempo para las actividades que implican el cuidado de sí. Se necesita tiempo, autoconciencia y práctica para encontrar la combinación de actividades que mejor promuevan nuestro crecimiento y desarrollo personal. La atención plena puede ayudarnos a notar cuando estamos desequilibrados.

A primera hora de la mañana, puedo tomar mi teléfono celular y revisar el correo electrónico, o bien puedo empezar el día con una práctica de atención plena de 15 a 20 minutos. A veces los correos electrónicos provocan una sensación de urgencia, lo que me hace pensar: “Tengo tanto que hacer hoy”. Pero cuando elijo practicar la atención plena, comienzo el día con la mente tranquila y concentrada.

Es útil analizar cómo empleamos nuestro tiempo, y reemplazar las actividades que agotan nuestra energía con actividades que nos nutren. Hay cuatro ámbitos principales del desarrollo personal que requieren autocuidado: el físico, el emocional, el intelectual y el espiritual.

El aspecto físico se refiere a nuestra salud corporal y nuestro bienestar. Cuidar de nosotros mismos en este campo implica hacer ejercicio físico para fortalecer nuestro cuerpo y mejorar nuestra resistencia. Implica comer bien y dormir lo suficiente. La práctica de la atención plena me he ayudado a darme cuenta de cómo influye en mi bienestar la forma en que me alimento. También soy consciente de la diferencia en mi funcionamiento cuando he dormido lo suficiente en comparación con las veces en que no lo he hecho. Al monitorear mi cuerpo y darme cuenta de mi nivel de energía, puedo estar segura de cuidarlo apropiadamente.

El ámbito emocional se refiere a la salud y el bienestar emocional. Nos cuidamos emocionalmente cuando participamos en actividades que promueven emociones positivas, como leer un libro inspirador, reír con amigos, asistir a un concierto o a un evento deportivo, o disfrutar de la compañía de nuestros familiares. Aplicar la práctica de la atención plena a nuestro estado emocional nos ayuda a reconocer los momentos en que nuestra vida emocional necesita atención. Así, podemos notar que estamos irritables o melancólicos, y elegimos conscientemente hacer algo que nos levante el ánimo en lugar de ponernos de mal humor.

El ámbito intelectual se refiere a nuestras habilidades cognitivas, nuestra base de conocimientos y nuestros intereses personales. Las actividades que nutren nuestra vida intelectual incluyen armar rompecabezas, divertirse con juegos de mesa, leer libros que son intelectualmente desafiantes e incorporar nuevos conocimientos, como aprender un idioma o tomar un curso universitario para aprender algo nuevo.

El ámbito espiritual se refiere a nuestra búsqueda de sentido y nuestra conexión con algo más grande que nosotros mismos. Aunque incluye cualquier creencia religiosa o espiritual que podamos tener, también puede ser experimentada mediante un enfoque filosófico secular hacia lo que da sentido a nuestra vida: cómo conceptualizamos nuestra conexión con el mundo que nos rodea y el lugar que ocupamos en él. Las actividades que nutren nuestra vida espiritual pueden incluir la asistencia a servicios religiosos, pero también incluyen aquellas actividades que puedan darle sentido a nuestra vida, como contemplar una hermosa puesta de sol, leer poesía inspiradora o cantar en un coro. Practicar la atención plena es una manera poderosa de nutrir nuestro desarrollo espiritual de una manera secular, ya que puede brindar acceso directo a experiencias espirituales por las que percibimos el sentido de las cosas y su interdependencia.

Autoevaluación de las actividades de bienestar

A continuación, te propongo descubrir aquellas cosas que estás haciendo actualmente para nutrir tu bienestar. En la sección “Lo que hago ahora”, escribe todas las actividades que realmente te gustan y que estás haciendo hoy. Por ejemplo, quizás disfrutas recibiendo masajes, haciendo ejercicio en el gimnasio, jugando al tenis, leyendo una novela o simplemente dando un paseo por el campo. Luego piensa de qué manera cada una de estas actividades contribuye a una o más de las cuatro dimensiones de tu crecimiento y desarrollo personal: físico, emocional, intelectual y espiritual.


Las actividades que promueven el desarrollo físico incluyen cosas como el ejercicio, la relajación y el masaje. Aquellas que promueven el desarrollo emocional incluyen cosas divertidas que haces con otras personas y que te hacen feliz, como asistir a una fiesta con amigos, ver una película inspiradora o simplemente compartir una comida con tu familia. En cuanto al desarrollo intelectual, puedes promoverlo, por ejemplo, leyendo periódicos, revistas o libros intelectualmente estimulantes, asistiendo a cursos, o manteniendo conversaciones intelectuales con tus colegas. Por último, las actividades que dan sentido a tu vida y te ayudan a conectarte con algo más grande que ti mismo pertenecen al ámbito espiritual. Estas pueden ser actividades realizadas en un contexto religioso, como asistir a servicios o celebraciones, pero también pueden ser puramente seculares, como leer un poema inspirador o practicar la atención plena.

Luego piensa en aquellas cosas que no estás haciendo actualmente, pero que te gustaría hacer. Una vez más, considera cómo cada una de estas actividades contribuye a las cuatro dimensiones. Este es tu plan de autocuidado.


 

Tomado del libro Atención Plena para Docentes, de Patricia Jennings.


Patricia A. Jennings, MEd, PhD, es profesora asociada de Educación en la Universidad de Virginia, líder reconocida internacionalmente en el campo de la atención plena en educación. Sus investigaciones actuales se centran en aproximaciones basadas en atención plena que mejoran el contexto social y emocional en las aulas, y maximizan el aprendizaje de los estudiantes.


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